ELENA VAL

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Anoche, declinando la consciencia suavemente hacia el mundo de los sueños, sus ojos se retractaron sin pedir permiso. No impusieron una vigilia irreversible sino, más bien, un toque de atención...

Aún persistían los ecos de un leve zumbido cuando la cabeza le estalló en mil pedazos.

Personalmente, me imagino la nave minúscula de los terroristas, alejándose de su oído interno, en tonos dorados.

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